Nunca te pedirán un mejor lugar para descansar.
Nunca cuestionarán de qué están hechas sus cosas cotidianas.
Vivirán dentro de lo que elijas para ellos.
Y cuando entiendes eso,
dejas de elegir cualquier cosa.
Empiezas a pensar en lo que toca su cuerpo.
Lo que los sostiene mientras duermen.
¿Cuánto de su vida pasarán allí?